CHAMANISMO

La brujería, el druidismo, la magia o el chamanismo son distintas formas de comprender la vida. Estas prácticas, que son también oficios o dones, sirven para resolver distintos problemas y consisten en transferir las desgracias que apenan a un individuo a un objeto animado o inanimado. En esta transferencia el individuo enfermo queda libre de su mal.
La práctica chamánica es una experiencia mágica, médica y social, universal, es decir es aplicada en todo el mundo. El chamán tiene la misión de curar a la persona que padece un mal, ya sea físico o emocional. Para conseguir estas curas utiliza distintos elementos como piedras, conchas, pieles e incluso animales, realizando pasadas manuales, refregándolas sobre la piel del enfermo o solo haciendo que estos elementos oscilen en el aire, estas acciones se denominan "limpias". El mal se va alejando del individuo, a medida que es acariciado por estos objetos, soplado o hasta a veces vapuleado, y se aloja en el ser u objeto utilizado por el chamán. Una vez terminado el ritual, el elemento que esta cargado de negatividad o del mal del paciente, debe ser desechada, enterrándolo o quemándolo para que no pueda perjudicar a otra persona.

La transferencia en distintas civilizaciones; Los indígenas, habitantes de la zona atlántica de Honduras y Nicaragua, llamados misquitos, se abanican con las hojas de platanillo que recogen cuando se sientan a descansar, después de largas caminatas. Todo aquel que recorra la zona, para no cargarse con el cansancio de estos indígenas, deberá cortar hojas nuevas para abanicarse y no utilizar aquellas que fueron arrojadas. También con el fruto del platanillos, una cápsula llena de semillas globosas, los indios misquitos fabrican collares. Con la corteza de la planta forman un cordel en la que van anudando las semillas, cada una de estas los va liberando de malos sentimientos y de rencores. También transfieren en cada cuenta un pensamiento, de algo o de alguien, que quieren desechar.
Estas especies de rosarios son a veces depositados en los cursos de agua, en los huecos de los árboles o colgados en ramas bajas. Si se los recogiese, se atraería hacia uno mismo todo lo malo depositado en ese cordel. Para alejar el mal, en las selvas amazónicas de Sudamérica, se suelen frotar un manojo de hierbas, hojas o frutos, en la zona dolorida. Estos elementos, una vez terminada la curación, son depositados a orillas de algún camino.
Otra acción propia de la zona andina, es dejar a orilla de una vereda transitada, la ropa de alguien que esta enfermo.
Se cree que aquel que recoja, ya sea los elementos o la ropa contaminada, se impregnará del mal o dolor ajeno y así se liberaría al enfermo. Al sur de Uganda, en el pueblo africano de Buganda, los chamanes, luego de realizarle una serie de preguntas al enfermo amasan un muñeco de arcilla que representa al paciente, en él colocan un residuo del enfermo, puede ser uñas, pelos, piel. Luego de bañar y exponer a sahumerios, al muñeco, lo colocan al pie de un árbol o lo esconden entre las hierbas cerca de un poblado, para que el que lo encuentre se lleve el mal y la desgracia que esta impregnada en él. De todo esto podemos deducir que es muy peligroso llevarse algo que esta tirado, por más hermoso o llamativo que este sea. Los habitantes del interior de Panamá, para celebrar el año nuevo fabrican muñecos de paja a los que denominan Judas o Año viejo, este judas puede representa un político no querido o una persona cualquiera de la que se quiera hacer una crítica. Estos muñecos tienen figura humana y son vestidos con ropa vieja de alguno de los integrantes de la casa. Una vez terminados son colocados en las puertas de los hogares y los integrantes del pueblo eligen el que será el vencedor, finalmente son quemados en una hoguera pública, desapareciendo con ellos todo lo que se ha reprobado. En la mayoría de las prácticas religiosas y en las tradiciones populares existe la idea universal que el hombre puede transferir o deshacerse de toda culpa, dolor, pena, para después destruirla. En Irlanda y España es muy común encontrar a la orilla del camino o en las encrucijadas mojones o montículos de piedras que esconden un significado especial. En estos lugares que son considerados sagrados, los caminantes van dejando una piedra y con ella la idea de que así abandonarán tanto las penas como el cansancio.
Estas piedras tenían también la función de recordar a los muertos más cercanos y a las almas del purgatorio.
Por otra parte en el culto católico sucede algo similar, con la confesión de los pecados al sacerdote y cumpliendo con la penitencia correspondiente se liberan las culpas y las cargas.
Los xosa, habitantes de África, utilizan una cabra para purificarse. El enfermo debe confesarle a la cabra todos sus pecados, luego esta es abandonada en un lugar deshabitado y lejano para que con ella desaparezca la enfermedad. Los cora, que habitan la sierra mexicana del Nayar, usan para curar los dolores del enfermo, un sapo. Este es frotado en la zona dolorida, luego se lo sacrifica para que con él muera todo el dolor que, por contacto, se le transferido.
En el sistema montañoso más importante de México, más precisamente en la Sierra Madre de este país, los miembros de la familia yuto-azteca que habitan este lugar, para purificarse, confiesan sus pecados en voz alta. Realizan un nudo en una cuerda por cada uno de los pecados cometidos, luego esta cuerda es quemada para que así se destruyan todos los pecados que fueron traspasados a los nudos. En distintas épocas y culturas se han utilizado también, además de objetos, seres humanos para cargar sobre ellos las culpas y así poder expulsarlas.
En Oceanía, en la isla de Pascua, se enviaba una canoa mar adentro, con una imagen humana esculpida en tamaño natural con un montón de víveres, para expulsar las enfermedades y los demonios. Estaban totalmente convencidos que obtendrían la deseada protección con esta acción de alejamiento.
En la Roma clásica, cada mes de marzo, un esclavo era elegido por los centuriones romanos. Se lo vestía con pieles y se lo obligaba a recorrer cada rincón de la ciudad, luego sería expulsado. Se creía que el esclavo llevaría con él todas las desgracias de la ciudad.
En la india se elegía a un brahmán, que era un miembro sacerdotal de una de las cuatro castas hindúes más importantes, al que se le pagaba generosamente para que llevara sobre sí, los pecados de un rajá que estuviera enfermo. Luego el brahmán era desterrado y no podía regresar jamás, además debería pasar el resto de su vida rezando por el alma del rajá



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